mantequilla con mermelada

Yo confieso que lloro en las esquinas
con semáforos y pasos cebra
con pisadas sin pausa
con limosnas en la ventana

Traigo un bolso lleno de espinas
el recibo rojo de codensa
de postre aquella duda
esconde una nena enamorada

Los taxistas ya no silban
a mi paso ni me importa,
los buses no llevan nada
mas que este peso que es mi cuerpo

la noche regala caricias
me da besos que ya no sobran
tengo fresas sin mermelada
me desvisto pero me acuesto

Y a la mañana siguiente
un sueño atado en la muñeca,
la prisa corre por mis piernas
y me citan amigos que olvidan
que lloro en las esquinas


A LM

De Nobeles y noveles

En aquel salón de clases la profesora nos preguntaba con tono divertido si sabíamos por qué el Nobel no lo otorgan nunca en matemáticas[1]; ellos reciben un premio no periódico paralelo: la Medalla Phillips, como también medallas del ICM. Más corchados que en cualquier parcial, ella, tal vez recién enterada del chisme, se desahogó y nos contó como Alfred Nobel no instituye el premio en matemáticas pues su prometida o novia le había rechazado por serle infiel con un matemático. Y la gente me mira horrible cuando digo que la cama gobierna este mundo.

Mi país es una aldea pequeña en la esquina superior de Suramérica, es como esas lindas casas de campo con una alberca, laguito, nacimiento y dos hermosos antejardines con materas de barro colgando de las vigas.  Y hasta ahí llega la belleza. Contamos con puestos de privilegio en las peores estadísticas humanas del planeta, nos matamos a garrote y bala todos los días, huimos de nuestros campos, de nuestro país, nos decimos felices cuando somos pusilánimes inconscientes. Es atroz cómo nuestra vida es un circo para los medios de comunicación y aún más atroz cómo no nos importa. La gente repite mantras de negación para parecer inteligentes: "Que nos dejen trabajar en paz", la versión criolla de las bumper sticks reza "Aquí no hablamos de la situación, estamos bien y mejorando", no votamos en elecciones porque siempre ganan los mismos y no nos damos cuenta que así, le dimos la espalda a nuestro país.

Pero eso no importa. Si la televisión dice que hay que marchar, marchamos; que hay que llorar a Garzón, lo lloramos; que Uribe necesita apoyo en UNASUR, lo apoyamos como si fuera final de FIFA; que hay que ver fútbol, no hay otro deporte nacional; que se acabaron los paracos, se acabaron; que no hay conflicto armado, no lo hay; que somos felices, y llegamos al Top5 de felicidad en el mundo. Últimamente decían que la nominación al Nobel de Piedad Córdoba era poco más que un disparate, tal vez; la nominación del presidente habría sido otra situación divertida, igual de disparatada, porque en Colombia ninguno hacemos nada para mejorar esto: una economía mantenida por el exilio de millones de paisanos.

No merecemos la postulación a nada más que a las horribles estadísticas humanas que ya abanderamos.



[1] No quiere decir esto a matemáticos. Pues veo veniros lanza en ristre a defender a Nash. Es en el área de las matemáticas, no de sus aplicaciones en física, economía, literatura, etc.

Sin motivo aparente I

Me han venido a exigir
a mi que nada cumplí
una sobredosis de sinceridad

Y antes de continuar
digo que es la primera y la última
pues ni bien he empezado
y estoy ya cansado, agotado
y faltan 100 versos

En la escena del crimen
no hallaron nada excepto ruido
un corazón derrotado y otro aturdido
una sábana sin desempacar
una cama destendida
una cuna vacía
una lista de Ahora que...s

Entonces me decía ¿Qué cuernos pasa?
¿qué vuelta es ésta de la infame vida?
qué antojos de futura madre
qué caprichos sin cumplir
qué destino miserable
qué cobardía mía
qué sentencia

y fueron pasando los años
los besos, los ratos
los mensajes sin respuesta
los besos impares
(esto no es piratería)
las noches en tu lecho
tus visitas a hurtadillas
los conciertos y las copas
las piernas, la alegría
las noches sin mañana
las mañanas por la tarde
las dudas, los celos
Incluso las flechas
del bastardo angelito
que se llama cupido

y entonces pasaron las cosas más inverosímiles
los días que no contábamos
ahora eran unos cuantos
las fechas que olvidamos
una marca en rojo
los besos impares luchaban por doblarse
las sábanas curraban a turnos de factoría
los minutos que pasaban ahora envejecían
tratarnos de usted era una bofetada
llamarnos de tu: un accidente de cocina

Mis cosas se volvieron mías
¿y las tuyas? eso es cosa tuya
este importaculismo arraigado
esta injusticia de la retribución
esta piedra, este alacrán, este corazón
son la misma cosa
dos copas de cerveza, dos noches siniestras
sin disculpa, sin motivo y sin razón

Al Pasado

me parece?

me parece que la gente esta cansada
me parece que esta vida no es tan larga corta
me parece que los niños ahora tardan
me parece que los otros se empelotan
me parece un vestido viejo, este nuevo
me parece un espejo roto en el lavabo
me parece que la guerra se esta hartando
me parece que los semáforos están dañados
me parece que las autopistas se mueren
me parece Ukraine una joya lejana
me parece el mundo un pañuelo sucio

Cuarta mordida

Desde que Marcel llegó a mi apartamento, todas las visitas tienen que ver con él. Es extraño pero todavía parece una exótica mascota. Él hace lo propio y husmea, roza, y en ocasiones muerde desprevenidamente a los visitantes. Su presencia entonces introduce el tema de las mascotas y de cómo la mayoría siguen prefiriendo, a dios gracias, a los perros.

El último en venir dijo que tenía un perro. Que no era su culpa. El animal simplemente se había mudado con él y no había sido posible otro desenlace que convivir. Un acto por demás inteligente el del perro que muy humanamente busca mejor vividero, tal vez incluso pasó días buscando opciones, evaluando amos, degustando sazones, midiendo temperaturas. Finalmente ha llegado a casa de este monteriano y se ha establecido, mudado dice su nuevo dueño.

Todos saben que el único propósito de este blog, en materia canina, es demostrar cuan tontos son estos mamíferos, mientras sostengo que ellos tampoco tienen la culpa. Y por supuesto los comparo con los impasibles gatos, pachás absolutos de cualquier manzana de esta ciudad. Tildados por algunos primos como infieles, los gatos no son de ruegos, saben que de sus zarpas nada puede escapar y que, aunque deliciosa, nunca la comida del amo remplazará la jugosa dieta de copetones y ratones a la que se pueden acostumbrar si éste no responde a sus expectativas con rigurosa disciplina. Similares emancipaciones hacemos todos al cambiar el hotel mami por un costoso arriendo lejos de tales mimos, o cuando las parejas deciden partir por rumbos opuestos, o cuando se cambia de trabajo o de oficio. En ningún caso somos infieles, solamente nos emancipamos de a pocos.

Pero acá tenemos a este pobre mamífero, cuya convivencia con el hombre le ha enseñado a menear el rabo y ladrar sonoramente por cualquier limosna, en la forma de un plato de sopa, sobras de carne o a veces el más fino concentrado. No niego que el perro hizo una leve emancipación, tal vez dejó atrás una mala vida, salió a la calle y al ver que no tenía Restaurantes piadosos ni vecinos condescendientes hizo lo que su pobre adaptación al medio le enseñó: menear el rabo y ladrar sonoramente ante mi amigo, visitarle seguido hasta que un día dejo el cepillo de dientes y todos saben bien el significado de ese gesto. Y ahí está el punto de esta nota.

A los 30

A simple vista, no pareciera que papá conoce a mamá. Todo lo contrario. Pero justamente es al revés: se conocen tanto que pueden prescindir de la obvia intimidad. Han vivido juntos más de 30 años. Más tiempo que el que vivieron en sus propias casas, destaca mi madre cada vez que se toca el tema. Eso implica también que yo estoy acercándome a los 30, que ha pasado suficiente tiempo, y que el azar ha jugado un papel casi caprichoso.

Es sospechoso que durante 30 años un hombre o una mujer sigan siendo los mismos tontos enamorados de los primeros meses. Esta perspectiva asegura hoy, que en verdad somos príncipes y princesas hasta que nos dan el primer beso que nos convierte, entre espectaculares chillidos pirotécnicos, en lo que realmente somos: sapos. Y que a partir de ese momento, con especial cuidado tratamos de mantener al sapo en el pantano.

Cada vez que nos distraemos, se deja ver una parte del anfibio como una arruga que lentamente surca una fotografía. Cuando ha pasado tanto tiempo como en mi familia, la perspectiva hacia el pasado apenas deja ver a ese par de príncipes que al cerrar los años 70 decidieron unirse sin motivo aparente con un perfecto desconocido. Lo curioso es que siempre pensamos que debemos conocer al príncipe antes de arriesgarlo todo; pero el azar nos engaña, nos hace creer que el sapo es príncipe y nos da algún empujoncito. En verdad nos obliga a conocernos palmo a palmo durante el tiempo que sea necesario con calma, con cierta timidez. Todo calculado y amañado para que el sapo no salte, para que al pasar 30 años, mi padre escoja el regalo de cumpleaños más raro que haya visto, y mi madre sea por siempre la mujer más feliz que vi.

¿HÁGASE LA LUZ?

"Recurre a Él si el cansancio y el estrés ya no te dejan. Él te da esfuerzo y multiplica tus fuerzas si ya se te acabaron".


¿Cuál es el papel de dios* en este universo, en esta vida, en el tiempo? Esta pregunta es sumamente delicada de implicaciones catastróficas si no se está convencido de un par de cosas en la vida. Sin embargo entrevé una pequeña intersección entre dos mundos, hoy claramente diferenciados en la academia, la teología y la vida. La fe tradicional ciega y la fe crítica.

La pugna está basada en las metáforas que inundan los libros religiosos, sea la Biblia, el Corán, la Torá, los escritos milenarios budistas, piedras, jeroglíficos o lo que sea; digo también que Borges, Sabato, Kundera, Kerouac. Después de todo, todas son obras literarias, plagadas de tropos que ponen a prueba la inteligencia o la estupidez humanas.

Cuando pienso en el papel de dios creo que quiero a lo mejor que condescienda a una forma más humana, desligarlo de una buena vez de su papel de dependiente de mostrador. Despojado del delantal de dependiente, porque intuyo que dios poco o nada puede hacer por nosotros, su papel se limita, sin desprecio, al de motivador, al de impulsor. Casi por el sólo hecho de creer en él, quienquiera que sea, se imbuye en la gente, incluso de la peor calaña, cierta gana de vivir. Digo que poco o nada puede hacer porque si él pudiera hacer algo y no lo ha hecho (como bien puedes comprobar en los diarios, televisión, blogs y en las caras de la gente), sería dios un ser detestable: con una creación al borde del acabose y cruzado de brazos. Hasta acá elimino, y por ahora lo dejo así, la implicaciones del libre albedrio. Por otro lado, si en verdad tiene poder de cambiar este mundo, se le ha venido haciendo tarde para miles de niños, para miles de mujeres que mueren de sida por tener una única pareja en su vida, para apersonarse de los virus más violentos que hemos tenido (Ahora el hombre muere de un simple resfriado y no puedo más que recordar el planteamineto de Los Simpson sobre la extinción de los dinosaurios por culpa de un estornudo), para el calentamiento global, la fisión nuclear, los amores, los desamores, los créditos altísimos, las cadenas de abastecimiento, los computadores... Ahora bien, si resulta que sí lo ha hecho y se esgrimen milagros para corroborarlo, diríamos que es selectivo y solo ayuda a algunos pocos que bien lo veneran, siguen y promulgan su gracia y entonces tendríamos un dios vanidoso que se vanagloria del poder que le profesan y en recompensa por tan ciega alabanza urde milagros. Ninguno de esos dos: ni el relajado negligente ni el vanidoso complaciente, se acerca al dios que creo prefigurar. Por eso el epígrafe, porque es compatible: es su presencia sola, su creencia la que nos da ánimos para seguir y la que nos orienta.

Es este dios motivador el culpable de todo (si no te gustan las palabras, por la mala fama de ellas, es hora de dejar de leer). No es por él que hay montañas ni hombres buenos y malos, sino por lo que él diseñó: un universo regido por una serie de normas o leyes, o por una sola gran ley que gobierna desde la fisión nuclear hasta las ganas de besar. Y él sólo puede admirar su obra y maravillarse de los distintos rumbos que sigue, rumbos que ni siquiera él pudo predecir. Sí, yo creo que él se maravilla incluso del mal, de las guerras, del hambre y la riqueza desmesurada. ¿Qué puede haber más maravilloso que ver su creación tomando rumbos y evolucionar o involucionar?, ¿acaso ver que todo marcha de acuerdo a un plan determinado previamente en el comienzo del tiempo y del espacio? No creo. Él motiva pero no escribió la eternidad; es una empresa imposible incluso para un dios. No hablemos de la omnipotencia todavía que hasta en matemáticas hay teoremas.

"Pero los seres humanos son ajenos al espíritu puro, porque lo propio de esta desventurada raza es el alma, esa región desgarrada entre la carne corruptible y el espíritu puro, esa región intermedia en que sucede los más grave de la existencia: el amor y el odio, el mito y la ficción, la esperanza y el sueño. Ambigua y angustiada, el alma sufre (¡cómo podría no sufrir!), dominada por las pasiones del cuerpo mortal y aspirando a la eternidad del espíritu, vacilando perpetuamente entre la podredumbre y la inmortalidad, entre lo diabólico y lo divino. Angustia y ambigüedad de la que en momentos de horror y éxtasis crea su poesía, que surge de ese confuso territorio y como consecuencia de esa misma confusión: un Dios no escribe novelas" (Ernesto Sábato).

*en post pasado se explica esta nimiedad