Telé o en color
Como las fachadas
las caras, las vallas
como la ciudad cuando el día acaba
Negra
cuando callas
y no hay salida y te largas
sin horizonte por la falda
Blanca
como los pecados
que no matan ni gozan
como un cuadro que muere sin pintar
telé o en color
como sin futuro
ni pasado; como al tiempo
que no pide permiso para pasar
Ahora que...
Ahora que no camino como un perro atropellado
ni cargo bastón y paraguas
Que no adoctrino con anecdotas
ni aprendo mis deberes
Que no han hecho de mi las pastillas su rutina
ni me duran 3 horas los guayabos
Que las noches son más que los días
y no hay boca que no sea mia
Que no debo llegar a fin de mes
ni pedirte permiso
Que me dices bobo, tonta
y hacemos tonterías
Que no me acuerdo de tu nombre
ni nos besamos despacio...
Coherencia
"Cuando escribiendo a una mujer
la llamo hogar" FS
El oficio del voyerista entre dos senos
es un verso de pie quebrado en un soneto,
el beso que me dan cuando yo beso
sin premeditación ni alevosía
ni gloria ni pena
Cuando las urnas alardean del polvorín de Atenas
en la Bogotá mediterránea. Cuando quien sufraga entrega
sufragios sin corona dos veces a la puerta
sin ventaja ni gloria
ya que pena
Final: toma 2
terceto feo
Este feo terceto que remata
es una vanidad de tres días:
ese breve instante de rebaja,
esa sinrazón del te quería,
del puedo vencido en la batalla
de este espantapájaros sin vida.
Volver
volver a tener que volverte a ver
volver a la perola por tres mentiras
volver a querer quererte y volver
volver a andar aceras sin mirar
volver por volver por volver a ti
volver al café y las casas de citas
volver a ser fantasma de Canterville
volver a volver en el tiempo
volver a Comala y olvidar a Macondo
volver a quitarse el sombrero
volver por tus pasos sin querer mirar
volver es una canción que robé
volver es apostar las ciegas otra vez
volver es una radio por la noche
volver es una promesa que deberé
Once minutos y un suicidio
La historia con este libro es agridulce; amarga será para aquellos seguidores de Coelho pues no es escritor de mis afectos. Desde que empezó a venderse en los supermercados y luego le pusieron de compañero de estante a Risso, y lo citaban las vecinas del conjunto como guía para una vida afortunada, algo en mí hizo tick, ese tick que me alerta de la gente de la cual debo huir.
De visita dónde mis abuelos ví un libro con fondo verde pálido y unas rosas, en letras tímidas decía “once minutos”, creo que no ví su autor, y no creo tener que hacerlo, pero ¿por qué no? no conozco la obra de Coelho. Lo abrí y leí el prologo o prefacio, escrito por el mismo: Una breve historia de cómo le preocupaba el libro por ahí en manos de sus lectores y una especie de disculpa por el libro. Empezó a interesarme. Me atrae la gente que sabe que debe pedir disculpas sólo por existir. Luego una frase de la biblia; punto en contra, no era buena; luego el inicio del libro es impactante. Hay incluso colecciones de primeras frases dónde creo que esta puede tener un buen lugar:
“Erase una vez una prostituta llamada Maria…”
Acto seguido el lector, notoriamente afectado por lo que se venía, hace una aclaración y al final del párrafo repite:
“Erase una vez una prostituta llamada Maria…”
Y desde ahí el libro es una buena historia, narrada con una soltura, que espero la traducción no haya exagerado, que atrapa. vas en el bus y no sabes si Maria al fin se largó a Europa o no, sacas el libro, lees durante las aceleradas del bus, temes por tus ojos pero no importa, Maria esta jodida y perdida en las calles de Ginebra en una típica red de trata de blancas. El tema es por tanto algo trillado, tal vez no en la literatura, pero si en periódicos, revistas, cine, televisión y consejos de mamá.
La historia es como he dicho fascinante. Esta puta se enamora perdidamente. Esta puta es capaz de mostrarle a uno la forma en que es capaz de amar una mujer que tiene un trabajo con el que subsiste; repito con otras palabras, no estoy a gusto: Es tan real la narración que se olvida uno de que María es una puta, (afortunadamente) y comprende que es una persona, trabajadora, con sueños, con objetivos, con mala suerte y con buena suerte, que es capaz de estar en la cama por once minutos, o por toda una vida.
Siempre le huí a los libros de Coelho. Considero que los libros de superación personal sólo le sirven al que los vende; se enriquece a costillas de la ilusión de hallar en 100 páginas los secretos de un éxito tan palpable como el libro mismo, que tienen todos los lectores de los mismos. De resto, la superación va por dentro, cada quien debe matar las pulgas como bien pueda. Pero Once minutos fue una novela normal, una buena historia, una mujer para enamorarse, un final raro como predecible por aquello de la diferencia de verse diferente y no una clase de cómo tener éxito. Por eso lo leí, no tardé más de 5 días en eso; por eso comprendo la disculpa del autor al comienzo del libro, por primera vez les daba una historia, de la que se puede aprender sin que le estén enseñando a uno.