El cadáver del sombrero soy yo

Cuando llegue la prensa y los bomberos
seguro me hallaran fácilmente
y no quedará duda de mi identidad
el ADN lo confirmará meses después
cuando mi ropa ya no este
al lado de mi cuerpo en el cajón.
Y mi bolsa estará quemada
y al lado habrá más gente:
una mujer sin futuro amén de historia
un viejo que se cansó de ser joven...
Un sombrero será mi cédula
apareceremos en los diarios y en la tele
nos podriremos, finalmente
porque queremos podrirnos
hartos como estamos de no amarnos
de no vernos al amanecer
de excusarnos en un plom
nuestros deseos de encontrarnos
llevo sombrero y tu llevas mi mano
cuando lleguen los bomberos
se preguntará alguno de ellos
por mi mano en tu tobillo
y finalmente la verdad absoluta
la bolsa negra de basura zzzip
la mano, el tobillo, el sombrero
al final todos somos carroña
de las aves de rapiña
mirad sus alas

Mi vida

Manu Chao




mi vida

lucerito sin vela

mi sangre de la herida



mi vida

bala perdida

por la gran vía

charquito de arrabal



mi vida

charquito d'agua turbia

burbuja de jabón

mi último refugio

mi última ilusión

no quiero que te vayas

cada día más y más

Epílogo inmobiliario

Por la vida que lleva quien a veces me encarna, tuve la oportunidad, hoy afortunada en medio de tanta miseria, de ir gratis a la feria del gran salón inmobiliario. Una especie de circo inquisidor.

Es necesario, es urgente, es obligatorio desahogarme. Resumo que bien sabido y demostrado quedó que en este país la dignidad va sobre ruedas y no vive bajo techo. Ahora resulta que hacen ferias para demostrarlo y gritarlo a los 4 vientos, y en la cara de uno con un descaro que ni el espejo ostenta. “No solo uno es pobre, sino que hacen ferias para decírselo en la cara” bellamente dijo una mujer anoche, cuando necesitaba un empujón.

El pase era doble, mi hermano y yo. Par de ilusos que fuimos a ver si había forma de que, sin vender el alma al diablo, uno pudiera conseguir un techito digno para vivir. Pues no. Los créditos eran lo mismo, la batalla financiera es por si uno se mete con UVR o pesos, tasa fija o variable y cosas de esas. Reconozco que pensé que se puede pedir préstamo por 100 millones para pagar casa de 60 y dar 10 de más al antiguo dueño por decir que cobró 100 y que salga el 100% del techo financiado, pero parece que ni siquiera soy original en eso y los mecanismos existentes casi lo evitan por completo. Ojalá esto no me condene por intento de sospecha.

Finalmente hemos quedado aburridos; el parqueadero medio estrellado, pues ni pudientes, ni ricos; paupérrimos y desahuciados; ilusionados y desarmados. ¡Arriendos hasta por 13millones! La sensación debe ser similar a la de Kunta Kinte viendo a su negra ultrajada y vendida en una plaza polvorienta, pero sin siquiera la esperanza del coraje, el valor, el esfuerzo; eso justamente es lo que nos han quitado en esa feria. Mis padres hoy tienen una casa grande, totalmente pagada, alguna vez tuvieron dos casas y un lote. Hace unos 25 años pudieron meterse en una casa propia a través de unos planes, simbólicamente sin cuota inicial. Un valor que hoy, por los conocimientos financieros de mi padre, calculamos en menos de 5 millones. Ahora la historia puede ser que nosotros heredemos la casa de ellos para pagar la inicial de otra casa que al morir, nuestra descendencia usará para pagar la inicial de otra.


Ambición

Yo quise tu sonrisa y cuando sonreíste

quise oír tu voz, y cuando te oí

quise tocar tus labios, y cuando me besaste

quise tus pies, y caminando juntos

quise tus caderas, y aferrado a ellas

quise tus senos, y en su blanda paz

quise tu vientre, y en el centro de tu cuerpo

quise tu vida



aunque me llevara toda la mía



A ti, que no quieres leer, y leyendome, no quieres saber más




Dignidad sobre ruedas

Esta vida lo va llevando a uno como por una senda definida previamente, lo convierte a uno en un juguete del destino, como ni siquiera Shakespeare pudo imaginar. Cada día se va muriendo un pedazo de ignorancia, ingenuidad, sencillez y felicidad en cada uno de nosotros. Esta vida no nos deja tiempo ni para los amigos, a quienes es más fácil ver a través de internet y comentarles las cosas impersonalmente a través de redes sociales, que después de todo no hacen sino magnificar una lista de personas que finalmente no es más que un inventario de conocidos, de quienes no sabemos nada, en vez de tener el ratito al frente de un café, un vino caliente y rodeados de una buena canción una noche cualquiera que decidamos conocernos un poco más.

En ese trasegar ambulante, casi ilusorio, he llegado al punto en que la casa de los padres no es más mi casa, sino la de ellos. Dónde si bien eres amo y señor, no tienes la libertad que la juventud desenfrenada demanda, ya sea para no ir a dormir nunca o para dormir demasiado con las personas que uno quiera, para hacer cochinadas consentidas y limpieza los fines de semana. Entonces, uno que se cree que la está haciendo bien, que sueña con la vida digna que parece posible, sale a la calle libreta en mano a mirar avisos de arriendo y venta. En ese pequeño primer paseo casi no pasa nada. Principalmente vas a enamorarte de un barrio…los que buscan barrios antes que funcionales departamentos. Entonces he ido a La Macarena, La Candelaria, a ese hermoso terruño que es el centro de Bogotá, algún día iré a La Esmeralda, al Park Way, a La Soledad y al Nicolás de Federmann. Pero empecé por el centro, que es lo que más me llama. Debe ser algo de ese volver al pedazo de tierra de la niñez, ese añorar las cosas sencillas, ese sitio al que iría Bogotá si algún día, por fin, envejeciera.

Las conclusiones son desastrosas, hay mil apartamentos y casas hermosas que te atrapan en un segundo, por la vista a los cerros y la cercanía a ese bar para dos, a esa casa de citas y a esa catedral, y a la vez hay miles de razones que te impiden soñar. Para cualquier mortal, que se crea bien pagado, una casa es el llamado natural a crear esa manada milenaria de los animales, esa familia que en principio soy yo, mis demonios y mis valijas.

Colombia es una patria extraña, de la que hoy en día no se puede decir ni ¡Viva Colombia! ni maldecirla. Cualquier posición te puede llevar a la trágica y macabra muerte del sicariato o peor aún, a la estigmatización en vida: guerrillero, uribista. Pero hoy me arriesgaré, ¿qué más hay que perder?: encontré un par de lindos sitios para vivir. El Hotel continental, el antiguo Hotel continental, con sus muchos pasillos, pisos, ventanales y ese rumor de pasadas glorias está renaciendo, se venden apartamentos tipo Loft, con una hermosa vista al Centro de cúpulas y a los cerros como cúpula, en una esquina que no me apasiona, pero que está más cargada de historia que cualquier parque verde de cedritos. Esa historia es la que uno pagaría. El periódico decía que el más barato de los Loft, de escasísimos 29 metros cuadrados, se vende en 106 millones de pesos: una barbaridad de la modernidad y el esnobismo seudo cultural que pulula en algunas esferas, pero que bien vale la pena, no más por vivir en el centro de la historia. Existe un hermoso portal en La Candelaria, una casa tapiada donde hay un apartamento muy moderno, muy minimalista, muy acogedor, resguardado por un centenario magnolio que lo cuidan más que a los pobres, que florece cada año más lentamente, que seguro nos sobrevivirá y a lo mejor no sepa que leímos un buen verso bajo sus brazos; 150 millones de pesos me alejan por ahora de ese placer antiguo de leer a la sombra de un árbol. Hace unos meses, me enamoré, de nuevo, de una espectacular mujer, de una dudosa dama que supo exactamente como meterse en mi vida y dejarme ver una pequeña parte de ella; El Salmona de humanas de mi alma mater fue el perfecto escenario de ese idilio, sus laberinticos pasillos y escaleritas, sus techos desnudos y sus piletas de aguas fueron testigos de esas tardes de amor infantil y puro. Si eso es enamorarse en un Salmona, vivir en uno, debe ser un mágico enamoramiento que se prolongue eternamente. Así que un dúplex en las Torres del Parque sería otro sueño propio, otro nido del que me separan, no solo la mítica vida del arquitecto, sino el amor que seguro profesan sus habitantes, reflejado en los ventanales de su majestuoso edificio desnudo de anuncios de venta o arriendo.

Seguí mi viaje de vuelta al hogar paterno. Y como en transmilenio, salvo por la negrita, nadie interrumpe con historias tristes, me puse a pensar y a leer avisos: Mis compañeros de universidad han salido todos a comprar carro nuevo en estampida. Los precios son sumamente bajos y los créditos son accesibles para cualquiera con casi presentar la cédula. Ellos argumentan el negocio, yo lo desbarato: pagar 20 millones por un carro que al salir del concesionario vale 18, cuyo crédito a 5 o 6 años drenara ¿27 millones? Puede ser, y que al venderlo me darán ¿14? digamos que sí. Y tendremos que esta gente, Ingenieros y todo, no tienen ni idea de lo que quieren: pavonearse con su flamante auto nuevo de 20 millones, modelo 2009, en julio del 2008. ¿No se dan cuenta acaso, que si es hecho este año y vendido este año no puede ser modelo 2009, que fue incluso diseñado por allá en el obsoleto 2005 o 2006? En fin, ellos no tienen la culpa. Colombia es un país donde para tener carro, tú cedula y un monto equivalente al 10% del precio es suficiente, como si la dignidad del hombre estuviera en el auto, donde ni los asientos traseros sirven ya para provocar un buen incendio pasional. En cambio, para tener tu pedazo de historia, ese techo de estalactitas, esas llaves que son alas del libertinaje, ese felpudo, esa mujer en el suelo de la sala, ese tocadiscos moderno en un rincón, esos libros por fin dispersos, necesitas el ahorro de toda una vida que cubra el 30% de la inicial, y 15 años más de vida en cuotas que atentan contra tu dignidad, que en cualquier momento te condenan a una batalla campal, la batalla del pobre contra el pobre. ¿Por qué, Pregunto hoy, no se ofrecen, en mi país, condiciones humanas para comprar vivienda digna? ¿Por qué la dignidad viaja sobre ruedas y no descansa bajo techo?.

Yo, particularmente no veo problema en pagar por 25, 30 o 40 años, como en muchas otras latitudes, por ese pedazo de tierra que sería sólo mío, por esas paredes a las que llenarían de vida mis demonios, mis valijas, mis amores, mis tristezas, mis amigos y por supuesto yo.


Necesito

Necesito un porro un bus

un vuelto una calle

una placita

de banquitas de madera



Una estación esperanza

una librería abierta

un teatro un café bar

donde no toquen el piano



un beso al caer la noche

buenos días, ¿cómo estas?

un sueño velado una foto

de cartera en el centro



una canción de rockola

un semáforo, un helado

una excusa una mentira

de tus labios, otro beso



¿acaso te cuesta tanto

es tan difícil o escaso

este inventario este equipaje

que quiero que me regales?



Sol

Antes de venir al trabajo, esta mañana, habían sucedido demasiadas cosas ya. Lo último, lo que mas recuerdo, fue el viaje. Anoche compré dos libros, uno que acababa de regalar y reponía, y otro, que si bien había leído no lo tenía. Escribí alguna dedicatoria personal a manera de homenaje al ejemplar anterior y hasta esta mañana empecé a releer el otro volumen que compré.

Una amiga muy especial, porque compartimos un tumultuoso pasado que interseca nuestras vidas, me ha pedido que do quiera que hubiera ido le trajera enfrascado, un poco de sol. No sabía ni supe cómo hacerlo. Pero esta mañana, sumergido como estaba en la lectura y en esa como alienante música que escupen los reproductores mp3 del mundo, me acordé de un tipo muy especial. Lo conocimos porque vende artesanías de cartílago de tiburones que no mata, detrás de los ventanales de la puerta de un bar minimalista de cocteles. Lo conocí porque se sentó a mi lado. Lo conocí porque de algún modo noto ahora que otros notan que soy buen tipo, aunque a veces lo noten aquellos que no considero para nada buenos. Pero este tipo no es así, se sentó y nos hablo por horas y horas de todo lo poco que sabía que resultó ser demasiado par mí. Incluso mi compañera, aunque sea una leve compañera coqueta y sin esperanzas, incluso ella se sintió mal por como me empecé a sentir, tuve que decirle que no eran los tragos ni el clima, sino lo que él decía. Pero este tipo decía cosas cada vez más interesantes que ni la música de al lado era capaz de apagar. No voy a decirles nada de lo que dijo este tipo, hay mejores cosas.

¿Por qué dios?, ¿Por qué nosotros? y así fue que él, tras callarnos la boca a dos profesionales educados, cogió mi cuaderno de poesía y escribió:

“La vida, el hombre, el espíritu, tres cosas diferentes, con sonido propio = La voz es Dios”
SOL

A ti que querías algo de sol