A los 30

A simple vista, no pareciera que papá conoce a mamá. Todo lo contrario. Pero justamente es al revés: se conocen tanto que pueden prescindir de la obvia intimidad. Han vivido juntos más de 30 años. Más tiempo que el que vivieron en sus propias casas, destaca mi madre cada vez que se toca el tema. Eso implica también que yo estoy acercándome a los 30, que ha pasado suficiente tiempo, y que el azar ha jugado un papel casi caprichoso.

Es sospechoso que durante 30 años un hombre o una mujer sigan siendo los mismos tontos enamorados de los primeros meses. Esta perspectiva asegura hoy, que en verdad somos príncipes y princesas hasta que nos dan el primer beso que nos convierte, entre espectaculares chillidos pirotécnicos, en lo que realmente somos: sapos. Y que a partir de ese momento, con especial cuidado tratamos de mantener al sapo en el pantano.

Cada vez que nos distraemos, se deja ver una parte del anfibio como una arruga que lentamente surca una fotografía. Cuando ha pasado tanto tiempo como en mi familia, la perspectiva hacia el pasado apenas deja ver a ese par de príncipes que al cerrar los años 70 decidieron unirse sin motivo aparente con un perfecto desconocido. Lo curioso es que siempre pensamos que debemos conocer al príncipe antes de arriesgarlo todo; pero el azar nos engaña, nos hace creer que el sapo es príncipe y nos da algún empujoncito. En verdad nos obliga a conocernos palmo a palmo durante el tiempo que sea necesario con calma, con cierta timidez. Todo calculado y amañado para que el sapo no salte, para que al pasar 30 años, mi padre escoja el regalo de cumpleaños más raro que haya visto, y mi madre sea por siempre la mujer más feliz que vi.

3 comentarios:

Alexander Rojas dijo...

Que bien por sus padres, yo también espero en algún momento llegar a cumplir 30 años de casado.

Nightwriter dijo...

Son los lares de la juventud, quizás la esperanza de encontrar un alma gemela lo que hace que dos personas se juren amor eterno. No immporta cómo, tres décads de apego, de alegrías y angustias de hijos y quizás nietos es una proeza del compromiso con el que los enamorados sueñan. Treinta años que no se pueden dejar pasar en vano, bien por tu escrito que busca simplemente homenajearlos.

Saludos!

Abejitas dijo...

Qué bien que tengan esa felicidad, que les dure toda su vida.

Besitos de miel.